Los locos de Valencia

Siempre he pensado que el haber diseñado el vestuario de Los locos de Valencia fue un regalo que me hizo Fernando Urdiales. El vestuario en teatro nos hace ponernos en situación, en una época, en un ambiente. Es la piel de los personajes, una piel que nos cuenta cosas. No es poco, pero hay veces en que el vestuario da un paso más, y se mete donde no le llaman, para conectar con los demás elementos escénicos, uniéndose a las acciones, y a su vez generando unas propias. En esas ocasiones, el trabajo del figurinista es infinitamente más completo y enriquecedor. Esto tan fascinante para mí, pasa muy pocas veces, y para que ocurra, han de juntarse varias circunstancias, entre ellas la de que el director sea tan apasionado por el teatro, la aventura y el vestuario, que esté dispuesto a asumir unos riesgos, que dan vértigo y náuseas a muchos otros.
Cuando Fernando me llamó para hacer este diseño, no hubo en principio muchas pautas marcadas. Nos empapamos en un primer momento del texto y de la época, pero Fernando tenía en este montaje ganas de buscar cosas nuevas, de experimentar, de jugar al máximo el vestuario, y la obra se prestaba a ello.
El texto planteaba dos ambientes muy definidos: el mundo exterior y el hospital. Para el primero, el de los cuerdos, mantuve el modo de vestir de los tiempos de Lope, aunque de una manera muy libre, con unos insinuados gregüescos y unas capas que eran en realidad gabardinas con muchísimo vuelo y solapa, que permitían el embozo.
Para crear el universo del hospital, me gustó inspirarme en los excesos del XVIII francés, por ser una de las épocas de la historia del traje más delirante, con más exageraciones y más «locuras» en la vestimenta, y busqué la manera de representar encajes, plumas y demás adornos, sin tener que recurrir a ellos.
Fue entonces cuando surgió la idea de los guantes. Eran perfectos para simular los adornos dieciochescos, y también, puesto que sugerían plumas, para hacer que el hospital pareciese una gran jaula de pájaros, algo que resaltaba la locura y lo grotesco del texto y del montaje. Los guantes, las manos, de alguna manera, llevaban también a pensar en una representación plástica de los trastornos mentales presentes en la obra.
Fernando se entusiasmó con la idea, y con esa energía que le caracterizaba, se hizo enseguida con la mayor y más variada colección de guantes de trabajo que yo había visto jamás, para poder investigar todas las posibilidades.
¿Qué tejidos utilizamos? Pues, después de mucho pensar y buscar, decidimos utilizar una tela básica como es el retor, una tela de algodón que se suele utilizar para hacer las primeras pruebas, pero que daba una textura que nos gustaba a los dos, porque sugería los tejidos de los hospitales. Compramos muchísimos metros en blanco, pero jugué con el tinte para simular de una forma sutil, la desnudez. Un loco está de alguna manera, desnudo ante el mundo.
Ni qué decir tiene, que Fernando estuvo presente y partícipe en todo el proceso. Dejando hueco para la creación personal, pero guiando con su experiencia y saber. Es así como le gustaba trabajar, y eso era lo bueno, porque era enriquecedor y apasionante. Creo sinceramente que si hubiera tenido aún más fuerzas, habría estado a mi lado en cada momento, eligiendo hilos, botones, el detalle más pequeño que solo apreciaríamos él y yo, o echando sal a los tintes, con tal de no perderse nada de la aventura. Nunca me he sentido tan acompañada y apoyada en un trabajo.
Lo que el público ve en este montaje es el resultado de un equipo que disfrutó durante el proceso, y que jugó mucho, que es lo que se debe hacer en teatro. Para mí, como figurinista, el mejor premio es descubrir en un ensayo que, una simple capa, dirigida por quien bien sabe hacerlo, se convierte en un elemento tan útil, que llega a ser imprescindible, o que sencillamente, al entrar en escena a lomos de un personaje, tiñe el aire de la escenografía, como quien pasa un pincel. Echo de menos trabajar con Fernando Urdiales.

Lupe Estévez | Figurinista de Los locos de Valencia. Del libro Un hombre llamado teatro en homenaje a Fernando Urdiales.

Anda

Hay diálogos maravillosos y secretos que circulan por el cordón umbilical entre una madre y su hija. Entre la sangre y el aire hay una pequeña pieza teatral, en la que bebés y madres se reconocen y susurran andando por un camino por el que transitan juntas.

Hay una emoción profunda que navega por las raíces indescifrables de la humanidad y que convoca del mismo modo lo cotidiano con lo ancestral.

Queríamos convocar algo imposible: todo lo que sucede en el maravilloso paréntesis que se abre en la gestación y nacimiento de un ser humano, y contarlo en una pieza poética de treinta minutos.

La fuerza original del nacimiento rompe todas las puertas de la expresión, porque los niños entre 0 y 3 años lo reconocen sin ningún esfuerzo y para percibir todo lo que no podemos ver, basta con dejarse llevar, atendiendo a la sensibilidad con la que todos hemos nacido.

Espectáculo de La compañía La Casa Incierta para bebés de 0 a 3 años.

Oh córpore

Un espectáculo para bebés dirigido por Eugenia Manzanera